1 DE MAYO: AYER Y HOY POR LA REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL

La fecha más importante en el calendario de los trabajadores tiene su origen en la lucha por la reducción de la jornada laboral. En el año 1886 los trabajadores de Estados Unidos salen de las fábricas e invaden las calles para exigir la jornada de 8 horas. En ese momento la misma iba de 12 a 14 horas diarias, sin ninguna legislación que regule cuánto tiempo trabajar pudiendo llegar en algunos casos a 16 horas. Si bien la huelga fue de carácter nacional, con paro en establecimientos de todo el país, en Chicago el acatamiento fue masivo.

Paro y movilización en EEUU

En esa ciudad, centro industrial de la época, miles marcharon el 1 de mayo bajo la consigna de lograr las 8 horas diarias. La magnitud de la convocatoria hizo que se replicaran movilizaciones los días posteriores. El 3 de mayo los huelguistas se dirigieron la fábrica de maquinaria agrícola McCormil para apoyar a sus trabajadores. La concentración obrera fue disipada por la policía que dejó un muerto entre los obreros.

Ante la represión, los trabajadores convocaron a movilizarse el 4 de mayo teniendo como punto de encuentro Haymarket, que era el mercado de la ciudad. La movilización contó con la aprobación de las autoridades y el mismo alcalde Carter Harrison se hizo presente para garantizar la seguridad del acto. Cuando este estaba terminando y Harrison se retiró la policía comenzó a dispersar a los asistentes. Entre los tumultos, se produjo una explosión que dejó muertos y heridos entre los policías. Seguido a esto, la policía abrió fuego dejando 38 obreros muertos y 115 heridos. Nunca pudo determinarse quién arrojó la bomba.

Los verdugos en el jurado

Se inició un juicio plagado de irregularidades, totalmente parcial. El jurado fue escogido a dedo por un funcionario del poder judicial. Los jurados ya tenían una postura previa al inicio del juicio. No se pudo probar quién arrojó la bomba, ni que los acusados estuvieran involucrados en los hechos. No había testigos que avalaran las pruebas presentadas. Sin embargo, las cartas ya estaban echadas. Se buscaba un fallo ejemplar. Aleccionador. El saldo fue de ocho obreros condenados. Cuatro a la horca, otro se suicidó en su celda, los restantes tres a cadena perpetua. Ninguno de ellos estaba en Haymarket al momento de la explosión, con excepción de uno que estaba dando un discurso. Vale la pena recordarlos: Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg y Enge.

Ellos son los que se conocieron como los mártires de Chicago. La indignación fue mundial, conforme se iba conociendo lo injusto del procedimiento judicial y la condena. Como también lo justo del reclamo original. En 1889, en París, se realizó el Congreso de Segunda Internacional Socialista que agrupaba a la mayoría de las agrupaciones sindicales y políticas del movimiento obrero de todo el mundo. Allí se decidió unir esfuerzo para imponer las 8 horas diarias de trabajo y que el 1 de mayo, en homenaje a los mártires de Chicago, se celebre el Día Internacional de los Trabajadores.

Reducir la jornada para vivir mejor

La Revolución Industrial de entonces podía permitir una reducción de la jornada laboral a 8 horas. Pese a la resistencia patronal, la consigna histórica del movimiento obrero se convirtió en realidad en todo el mundo. En Argentina se implementó en 1929, aunque tuvo su antecedente también violento en 1919 con la huelga de Talleres Vasena. Hoy, con la digitalización, se abre una nueva posibilidad para volver a reducir la jornada laboral. Como ayer, son las organizaciones obreras las que quieren ver un nuevo mundo, una nueva sociedad donde el tiempo libre, el acceso a la cultura y la educación no sea patrimonio de una minoría con el tiempo y el dinero suficiente. Puede ser para todos. La tecnología lo permite y nuestra salud lo necesita.