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Nueva Ciudad

“Nos conocimos en medio de un quilombo”

Lunes 1ro de agosto de 2016, por Prensa del Subte

Como un dúo inseparable, Néstor Segovia y “Beto” Pianelli, desandan para Nueva Ciudad los años de pelea para construir un sindicato desde cero, las amenazas mafiosas de la UTA, los enfrentamientos con la empresa Metrovías y la actualidad del subterráneo: “El Gobierno porteño no sabe nada de transporte” dicen.

El pequeño despacho horrorizaría a más de un sindicalista ortodoxo. Hay cuadros del Che Guevara, Salvador Allende, uno de Agustín Tosco. Entre mate y mate, Roberto “Beto” Pianelli y Néstor Segovia se suben a la vía que los llevó a crear un sindicato de cero y a conseguir derrotar a la UTA en todos sus intentos de aplastar una nueva organización, la Asociación de Trabajadores del Subte y Premetro. O como se los conoce más comúnmente: los metrodelegados. Entre cebada y cebada, vuelve el clima milicoide que se vivía bajo tierra en los noventas, las primeras acciones de solidaridad, los aprietes mafiosos de la UTA (algunos parecen salidos de una película de Coppola) y los enfrentamientos con el macrismo. “Metrovías les hace el trabajo sucio. Inflaron los costos y la tarifa técnica”, indican los dirigentes sindicales, que ya llevan más de 20 años luchando bajo la superficie.

-¿Cómo se conocieron?

Beto Pianelli: -En medio de un quilombo. ¿Viste los trenes Nagoya, de la línea C? Son trenes japoneses. Los trajeron como nuevos a la línea D. Los querían poner rápidamente en funcionamiento en 1997 y la orden de la empresa fue: ‘Que anden como sea´. Tiene un problema ese tren: teníamos un sistema con paratren, que si te pasabas una señal roja, lo frenaba. Pero estos trenes no estaban preparados y no te accionaba el paratren. Un conductor sale con un instructor y, de golpe, toma demasiada velocidad y se pasa un rojo. Y el paratren no lo para. El instructor sale corriendo. Lo deja en banda. El conductor acciona todos los frenos y toca al otro tren. Lo toca. Fue en Plaza Italia o Pacífico esto. Ahí la empresa, para justificar la cagada, lo echa al conductor. Y ahí salimos a defenderlo e hicimos un quilombo bárbaro. Paramos todo el subte. La empresa tira 250 despidos. Venía la UTA a decirnos: ‘Vuelven los 250 y que el conductor se vaya’. La típica.

Néstor Segovia: -Y ahí lo conocí a él.

BP: -No éramos delegados. Fuimos como trabajadores a una asamblea y nos estábamos recontraputeando con la UTA, que lo quería entregar al pibe. Y así nos conocimos. En un quilombo. Y llegamos a la conclusión de que había que cambiar los delegados.

Nacido en Moreno, Segovia creció en Chaco, entre Corzuela y Campo Largo, en una familia campesina y evangelista. Por su viejo, que es paraguayo, aprendió a tocar el arpa y la guitarra. Ahora solo agarra la viola para cantar serenatas mexicanas. Tiene diez hijos, con los que suele irse de pesca. “Me voy a la orilla de un río y apago los teléfonos”, cuenta. Le gustaba ir a Zárate, pero ahora “está muy caro, ya no se puede ir”. O Mechita, cerca de Junín. Desde hace unos años, milita en MILES con Luis D’Elía.

-¿Cómo llegaste a trabajar en el subte?

NS: -Trabajaba en una empresa de seguridad. Trabajaba de vigilador en un puterío. Habla con los jefes de él, porque yo en ese momento trabajaba de panadero en Once y me echan. Entré a laburar como seguridad al taller de Constitución. Me hice amigo. Me iba a tomar mate con los muchachos. Le hacía la pata para que se vayan. Al final, no servía como seguridad. Duré dos meses.

BP: -“¡Sáquenmelo, por favor!”

NS: -Y ahí hablé con el jefe del taller. Me preguntó qué sabía hacer y le dije que nada. Toda mi vida coseché cebolla y papa. Me dijo que mienta y que, por lo menos, diga que soy mecánico. “Panadero, ¿para qué queremos? ¡Acá no se cosecha cebolla!”. Y entré como peón de limpieza en 1994. Ni primer año del secundario tenía. Y llegué hasta frenista. Toda mi vida labure en frenos, en la parte de bogie. En esa época, no me interesaba ser delegado. Me iba de joda a bailar, llegaba borracho al laburo. Era la ovejita negra de una familia muy religiosa. Así estuve hasta que lo conocí a Beto, que ya venía de la izquierda.

Pianelli empezó a militar al final de la dictadura, cuando tenía 17 años. Por un breve tiempo en el Peronismo Revolucionario y luego en el MAS, en donde estuvo por veinte años. Empezó el secundario en un colegio salesiano, pero duró un solo año. Luego estudió en un industrial y finalmente entró al Nacional 2, pero más para militar que para otra cosa. Fue presidente del centro de estudiantes durante tres años, mientras se llevaba materias. “Ya cuando estemos presos, vamos a estudiar”, se decía. Estuvo entre los fundadores de la Federación de Estudiantes Secundarios (FES) en los años ochenta. El paso de la militancia estudiantil a la sindical tomaría su tiempo.

-¿Qué hacías antes de entrar al subte?

BP: - Antes fui estibador, vendí diarios, hice preventa de hamburguesas, fui metalúrgico, plástico. En la época de Alfonsín conseguías rápido laburo, pero también te rajaban rápido. Estuve un año y medio en Córdoba militando. Y cuando vuelvo a Buenos Aires entro a un hospital, era camillero. Después trabajo de acomodador en el Broadway. Antes vendía golosinas en otros cines. En medio de las marchas contra el indulto, la huelga telefónica y la ferroviaria, privatizan el subte. Y me entero por unos compañeros del MAS dónde era el lugar donde anotaban para entrar al subte. Fui y me anoté. Y no quedé. Y en junio de 1994 estaba en la casa de mi viejo y de pronto: “Che, teléfono para vos”. “Somos de Metrovías, ¿todavía le interesa el trabajo?”, me preguntaron. Y así entré a trabajar en la línea E como boletero. Sigo hasta hoy en la misma categoría.

-No te acercás inmediatamente al sindicalismo…

BP: -No. Tenía un activismo juvenil de años, pero a los pocos meses se rompe el MAS y me voy corriendo.

-¿La salida del MAS fue por una discusión sobre Yugoslavia?

BP: -Sí, me da un poco de vergüenza contarlo. Yo me fui del MAS por la guerra de Yugoslavia. De grande conocí Yugoslavia y fui a verificar. ¡Y creo que tenía razón! Pero no importa. Era delirante que estuviéramos discutiendo eso.

Pinelli tuvo mucho rock en su vida. Le gustan desde los Redondos, pasando por The Clash hasta Pink Floyd, también Jazz y Bossa Nova. Supo tener su propia banda (Mr. Magoo) y llegó a ir a un recital de Manu Chao en plena crisis cirrótica (le diagnosticaron Hepatitis C, lo que terminó con una cirrosis). Pianelli pensó que su vida había llegado al final, pero fue trasplantado del hígado y se salvó. Cuando lo estaban por operar se dio cuenta de que, hasta ese momento, prácticamente no había salido del país. Desde entonces, comenzó a viajar por el mundo (cuando la militancia se lo permite).

-¿Cómo era trabajar en el subte en los noventas?

BP: -Cuando entro, todos se habían comprado el discurso de Neustadt y Grondona. Todos creían que iban a llegar a gerentes. Veía como despedían a los tipos que habían quedado del subte. La gente ni los quería saludar. Me daba vergüenza. Le decían a las 4.15 de la mañana que no podía tomar servicio. Y a las 10 los despedían. Lo que hice fue ir adaptándome a los compañeros, sosteniendo principios muy chiquitos. Por ejemplo, no hacía horas extras. Venían los jefes y te decían, hasta con onda: “Che, te conseguí dos horas extra”. “No puedo. Tengo otro trabajo”, les decía. Y trabajaba como acomodador o ayudando a mi viejo, que era protesista dental. Tenía elementos mínimos como si veía al supervisor, llamar y avisar en la otra boletería que iba para allá. Elementos mínimos de compañerismo.

-¿Cómo se empiezan a organizar?

BP: -La primera organización fue el cumpleaños. Juntamos una vez cinco mangos para comprar un regalo de cumpleaños. Y ahí le dije a la que lo pensó: “Che, por qué no anotamos los cumpleaños de todos y cada vez ponemos cinco mangos”. Ese fue el primer nivel de organización. El segundo fue el día que cobrábamos, que era en la estación Independencia. Salíamos y empezamos cuatro tipos a ir a comer pizza en Entre Ríos y San Juan. El único día que podíamos salir era el día que cobrábamos. El resto del mes nos moríamos de hambre. Llegó un momento en el que iban todos los boleteros de la E a comer ahí.

-¿Tus compañeros sabían de tu militancia previa?

BP: -No, no se lo decía a nadie. El primero que lo descubre es porque me olvido una mochila llena de materiales. Dije: ‘La agarran los jefes y cagué’. Y yo desesperado. Tenían una red de personas para buchonear y sacar gente que militara o que se drogara. Les pagaban un extra. Y al compañero que me salvó le tuve que decir la verdad.

-Lo de la mochila parece un relato de la dictadura…

BP: -Era así. Una clandestinidad similar a la dictadura.

NS: -El que estaba a cargo de la seguridad era Miguel Angel Rovira, de la Triple A.

BP: -Los noventas los recuerdo días oscuros. Todo oscuro, encerrado en mi casa, viendo la televisión, a los piqueteros y agarrándome la cabeza. “¿Por qué no preparan molotovs? Molotov hay que tirar, no palos. Mo-lo-tovs”. Dejé de ir a las marchas por cinco o seis años por miedo a que me vieran. A la Marcha de la Resistencia iba a las tres de la mañana, daba una vuelta y me iba.

NS: - Era tanta la dictadura que había que, una vuelta, fue un supervisor al taller de Constitución y encontró un calendario con una mujer desnuda. “¿Quién lo puso?”. Nadie contestó. Echó a las 16 personas que estaban ahí. No pudimos hacer nada.

-¿Cómo se sale de esa clandestinidad?

BP: -Para nosotros, hubo dos momentos clave. Uno fue cuando la empresa empieza a trasladar boleteros de una línea a otra. Se juntó gente a discutir y nos vimos por primera vez lo de distintas líneas. El segundo momento fue el 20 de febrero de 1997. Despiden a dos pibes. Uno había chocado un tren contra la pared, porque no sabía ya por qué vuelta iba. Se estaba durmiendo. Ese día una compañera va al vestuario donde estaban reunidos. “Vamos a salir a laburar que la UTA recién viene a las 10”, le dicen. Ella tenía 18 años. Les contesta: “Che, si nosotros no salimos a trabajar, la UTA va a venir ahora”. Había otros dos locos que dicen: “Sí, ¡no salgamos!”. Viene el jefe. “Ah, ¿no salen? Están todos despedidos”. Ahí se asustaron y no salió nadie. Y se paró la línea E. Ahí empezamos a llamar: “Che, hay que parar”. Llamando a los compañeros que se habían ido a una fiesta y estaban durmiendo. No había celulares. Íbamos a las casas a despertarlos. A las 11, se paró la línea D. Después la C y la A. Se pararon todas las líneas. Conciliación obligatoria y todos adentro. Y eso nos dio una fortaleza. La gente se agrandó. Hasta hoy, no hubo más despidos.

Dos horas menos”, se llamaba el programa de radio que hacía Pianelli cuando consiguieron la reducción de la jornada a seis horas por trabajo insalubre. Era un programa destinado a buscar qué hacer con el tiempo libre que habían ganado. Ahora, Pianelli dejó un tiempo el rock y hace como dos años que explora el tango puro y duro. Cada tanto, va a bailar a una milonga. Miraba mucho cine, aunque ahora lo absorbieron las series. “Empecé con Game of Thrones porque ya me hinchaba las pelotas. Ya ni podía hablar con la gente”, comenta. El primer libro que lo fascinó fue La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez. “En los noventa, me la pasé leyendo a los anarquistas y relatos de los setentas. Ahora leo poco”, dice. “Ahora” es desde que empezó con el sindicalismo.

-¿Cuándo llegan a delegados?

NS: -En el 2000, querían tercerizar todo el taller con la empresa Siemens y nos opusimos.

BP: -Menemismo puro.

NS: -Me dicen de ser delegado. Pero nadie me quería votar, porque era un cachivache. Era el que llegaba borracho de los bailes. “¿Segovia delegado?”. Un compañero me decía que lo último que iba a hacer era votarme a mí. Mi promesa fue –no que iba a cambiar, eso nunca lo prometí- sino que no nos iban a cambiar de lugar arbitrariamente. En esa época, el supervisor tocaba pito para desayunar. Veinte minutos. Tocaba pito de vuelta. Y todos con los cascos, de vuelva a laburar. Era tipo el Ejército. Y les propuse que eso no iba a pasar más. Y salí delegado. Y toda la pasión que tenía en otras cosas, las puse en esto.

-¿Cómo deciden formar un nuevo sindicato?

BP: -Fue cuando estaban por rajarnos de la UTA.

NS: -Les habíamos ganado todas las comisiones internas.

BP: -Hacíamos lo que quería la gente. Levantaba paros y nosotros seguíamos. Roberto Fernández nos dijo: “Muchachos, ustedes nos ganaron. Ahora entran. O si no, vamos por ustedes”. El PO y el PTS no querían irse y nos acusaban de rupturista. La UTA nos cagaba a trompadas a todos y nos decían eso. Dijimos: “Hagamoslo igual, en forma clandestina”. Y preparamos los papeles. Vienen de la UTA y nos dicen: “Muchachos, nos dicen que están haciendo un sindicato…”. Y nosotros poníamos cara de no saber: “¿Nosotros? No…”. Me llamó Pitrola: “¿Por qué no me dijeron?”. “Porque vos no querías, papi. Me tengo que cuidar de la UTA y de vos, que me vas a denunciar que hago un sindicato en Prensa Obrera, para que la UTA se entere a las 48 horas y me venga a cagar a tiros a mi casa”.

La ruptura con la UTA tuvo escenas salidas de alguna de las tres partes de El Padrino. Como cuando a Segovia lo visitó en su casa -“una casillita en Moreno”- un matón de la UTA. Llegó en una camioneta 4x4. Cadenas de oro, anillos de oro, sonrisa imperturbable. Entró. Le dio un pollo a la pareja de Segovia. “Haga un relleno y vamos a comer”, le ordenó. Se sentó. “¿Qué hacés, gordo? Me enteré que estabas mal –le dijo- Te la voy a hacer clara. Aceptá ser secretario gremial. Es la única salida que te damos. Y pensá en tus hijos”. La llamó a una de las nenas y le dio un billete de cien pesos (un trabajador del subte cobraba 450 pesos en esa época). Segovia lo miro: “Tenés dos minutos para levantarte de la mesa e irte. Y te digo más: sé tirar bien, así que te vas ya”. “Bueno, Gordo, no quiero que te enojes, pero te vine a ofrecer porque los vamos a echar a todos”, le dijo. Se subió a la camioneta y se fue. Los siguientes años, Pianelli iba a vivir de casa en casa. A Segovia le rompieron el auto, la puerta de su casa, lo amenazaron con secuestrarle a un hijo.

-Después de que se van de la UTA, ¿cómo consiguieron la personería gremial?

NS: -Lo voy a ver a Luis D´Elía, que me dice: “Voy a hablar con la presidenta y te llamo”. A las once de la noche, me llama y me dice: “Vamos a ir a tu casa con el secretario de De Vido”. Ahí me hace hablar con De Vido, que quería negociar para que levantáramos el paro que estábamos haciendo para conseguir el sindicato. Yo vivía en una casa Tomada en Once. Sin pintar. Sin luz. Como mesa tenía una puerta de ropero. Entra el secretario de De Vido de traje y le dice a D’Elía: “¿A dónde me trajiste?”. Beto estaba sin camisa. Hicimos un arroz con huevo y riñón. No quisieron comer. Ahí conseguimos una reunión con Tomada. A partir de ahí se armó el sindicato.

Pianelli saca uno de sus múltiples celulares y sale un minuto del reportaje para atender un llamado. Cuando vuelve, se suma al relato de Segovia de cómo consiguieron inscribir el sindicato, pese a las presiones de la UTA y de la CGT de Hugo Moyano, que en ese momento era aliado al oficialismo. “Roberto Fernández vino sacado, lo reputeo a Tomada. Eran como las tres de la mañana. Seguíamos reunidos. Tomada le dijo: ‘Lo único que te pido, todo lo que me acabás de decir, llamala a la presidenta y decíselo a ella’”. Levantaron el paro 2009 y al año consiguieron la inscripción.

-El proceso siguió hasta el año pasado, cuando consiguieron la personería gremial.

NS: -Tomada no nos quería dar la personería gremial porque se peleaba con la CGT.

BP: -En el despacho tenía una foto con Cristina, donde ella le hablaba a él. Una vez que nos deja solos y le escribimos en la foto con un globito de diálogo a ella: “Carlos, dale la inscripción a los muchachos”. Viene Tomada, la ve: “¡Mirá lo que hicieron!”.

NS: -La cuestión es que una vez que estuvo Cristina en la oficina, ve la foto y le dice: “¿Y eso?”. “No, los metrodelegados lo pusieron”. Y le causó gracia. “Bueno, dáselo”, le dijo ella. Gracias a esa foto Cristina dio el ok.

Mientras se formaba el sindicato, Metrovias estuvo un año sin pagarles el sueldo a los delegados. Segovia sostuvo a su familia gracias a la mercadería que le daba el MST. “¿Qué vamos a hacer con tantos fideos?”, se preguntó Segovia. Y decidió armar un comedor en el terreno de su casa. Luego, se lo destruyeron en el medio de la pelea con la UTA. Mientras no tuvieron la personería gremial quedó claro, de todas formas, que eran quienes manejaban las negociaciones. Cuando llegó el macrismo, a la empresa se le sumó un nuevo adversario.

-¿A qué piensan que se debe el aumento constante de la tarifa del macrismo?

NS: -Ellos son patrón. Al subte lo ven como un negocio, no como un servicio público esencial. Piensan en ganar plata en connivencia con Metrovías. El gobierno de Cristina subsidiaba los pasajes y a las empresas y por eso era más barato todo. Este gobierno saca los subsidios y lo pagamos nosotros. Todo pasa porque piensan como empresarios. Estaba 1,10 el pasaje cuando estaba Cristina. Y por eso subió el boleto de subte un 580 por ciento. Lo primero que hizo fue subirlo.

BP: -127 por ciento de aumento de un saque. A la semana fue.

NS: -Es más: antes de que asuma en SBASE, nosotros tuvimos una reunión con (Juan Pablo) Piccardo y ahí vimos la clase de persona que es. Nos dijo en la cara. Le llevamos unos libros pensando que nos recibía para mejorar el servicio, en escucharnos, en un boleto social. Le llevamos unos papeles que ni los leyó.

BP: -Ni los leyó. ¡Los tiró a la basura!

NS: -Nos dijo que ‘acá hay gente de más’. ‘Tienen que laburar ocho horas’.

BP: -‘Hay que poner máquinas expendedoras en vez de boleterías y sacar a los boleteros’. Así, de un saque, sin mirar lo que le habíamos llevado. Le fuimos a decir que había problemas de mantenimiento, de las formaciones. Nada escuchó.

NS: - Nos fuimos escandalizados. Los problemas de mantenimiento los denunciamos hace muchos años, durante el gobierno de Cristina. Lo que yo le podría reclamar al gobierno anterior es por qué no obligó a hacer el mantenimiento a cambio de tanto subsidio. Los trabajadores por años denunciamos el mal mantenimiento de los trenes.

-Ustedes consiguieron la jornada de seis horas. El presidente dijo que cuando se reduce una jornada laboral lo paga la sociedad…

BP: -Sí, lo dijo el 9 de julio. Claro. Obvio. El diario La Nación está ahora sacando un artículo detrás de otro reclamando flexibilidad, polivalencia.

-¿Cuál es el margen de ganancia de Metrovías?

BP: - No se sabe. Mirá, nosotros estuvimos en la audiencia pública. Hablaron como setenta personas y ni una habló a favor. Todos expertos, porque imaginate que la audiencia pública del subte tenés que ser experto en Internet para lograr encontrar dónde es, cuándo es y cómo inscribirte. Todos los tipos que hablaban eran gente que venía estudiando el tema. Y todos se preguntaban por qué no existe un solo dato de cuánto gana Metrovías. Me están hablando de una tarifa y no blanquean cuánto gana la empresa.

-¿Por qué el Gobierno porteño no da a conocer ese dato?

BP: –Y… porque ¿cuál es la primera discusión que te salta? ¿Para qué está Metrovías? ¿Por qué le estamos pagando a alguien que no invierte, que lo único que hace es operar? ¿Tanta guita? Los trenes, las vías, todo lo pone el Estado. Ahora van a cambiar los sistemas de señales. Lo paga SBASE. Todo lo paga el Estado.

-Lo podría administrar el Estado…

BP: -Claro.

NS: -Pienso que el Gobierno de la Ciudad no sabe nada de transporte. Metrovías les hace el trabajo sucio, porque sí sabe. Y Metrovías infló la tarifa técnica y el mantenimiento.

BP: -Para conformar la tarifa técnica, sumaron un montón de ítems. ¿Qué descubre la jueza Libertatori? Dice: ´En la tarifa técnica, ¿Cómo puede ser que pusieron el canon que tiene que pagar Metrovías?’. Si lo tiene que pagar la empresa, no los usuarios. Otro tema, que es discutible, es el seguro. El seguro lo tiene una empresa por si le pasa algo a un trabajador dentro de la empresa. Yo opino que no lo tienen que pagar los usuarios. Lo tiene que pagar la empresa privada. Eso también lo sumaron. Aparte, la mayor parte de los datos son incomprobables. Te los da todos Metrovías y no hay nadie que los pueda cotejar. Ellos dicen que la tarifa técnica es 14 pesos. Nosotros creemos que no.

-Larreta viene planteando que su política va a ser incluir más trenes para mejorar la frecuencia y no expandir la red.

BP: -Exactamente. Y… quedará como un miserable cuando termine su gobierno. Cualquiera que viaja conoce subtes de otro lado. El DF tiene 180 kilómetros y se empezó hacer en el año 69. Nuestro subte tiene 102 años. Se empezó a hacer en 1913. Tiene 60 kilómetros. Santiago de Chile, una ciudad infinitamente más chica que Buenos Aires: 160 kilómetros. Se empezó en el setenta. Madrid, con la misma población que la Ciudad de Buenos Aires: 360 kilometros de metro. Quito, una ciudad arriba de una cordillera y están haciendo metros. Tenemos 60 kilómetros y nuestro subte es el primero de habla hispana. El único salame que puede decir una cosa de este tipo es Larreta. Es un salame. El metro es el más rápido, el más seguro (no tiene siniestrabilidad, salvo que el ISIS te meta una bomba) y es el más ecológico. Habría que preguntar cómo se compatibiliza eso con lo que va a hacer el rabino Bergman que mandó a hacer no sé cuántos colectivos eléctricos. Obviamente, está muy bien que hagan colectivos eléctricos para descontaminar la ciudad. Ahora, ¿por qué seguimos haciendo transporte de superficie cuando podemos hacer subte?

-El Metrobus comenzó como una idea para las zonas que, por el tipo de suelo o porque hay un arroyo subterráneo, no se podía hacer subte.

BP: -En Santiago de Chile vendieron el verso del Metrobus, el transmilenium, que fue un fracaso, como en general son un fracaso. El concepto de Metrobus lo compran porque hay una tendencia mundial del neoliberalismo de vender este tipo de cosas. Está ligado a las patronales de venta de colectivos. Hay tres metrobuses en el mundo que funcionan: el de Bogotá, que es buenísimo. Pero es un Metrobus en serio, con divisiones con los coches, donde pagás antes de subir, se baja la puerta del colectivo y se abre una puerta dentro del andén. Estás dentro de un lugar cerrado. Y, aparte, para uno cada kilómetro. En Quito hay otro muy exitoso. Y el más exitoso de todo es el de Curitiba, Brasil. Pero tanto Quito como Curitiba cuando creció la densidad poblacional empezaron a meter subtes. Medellín ya hizo metro. Ojo, no es contrapuesto uno con el otro, porque está muy bien ordenar los colectivos. San Pablo acaba de hacer carriles exclusivos. Lo que hay acá no es Metrobus, son carriles exclusivos. Es una parada de colectivo y nada más.

NS: -Larreta no tiene ni idea de lo que habla cuando dice que va a mejorar la frecuencia. Es difícil. La frecuencia no la van a poder mejorar sin una tercera vía. Por el largo de la estación, tiene un tope de trenes. Catorce servicios es lo máximo que podés poner. Si ponés más, la línea se hace más lenta.

BP: -Si tenés uno en cada estación para dar la vuelta es un problema, porque el otro no terminó de salir. Pueden mejorar el sistema de señales.

NS: -Pero muy poco cambia eso.

-El Gobierno porteño dicen que tiene un sistema en la línea H que permite frenar a 30 metros del otro tren sin riesgo.

BP: -Es un sistema de telecomunicaciones. Es el más moderno. Vale una fortuna. Estuve con un compañero del Metro de París, que automatizó con este sistema la línea 1. ¿Qué hacen Alstom y Siemens? Lo muestran en París y se lo vende a todos los boludos que pagan fortunas. Y es absolutamente in-ne-ce-sario.

-No sé si mucha gente sabe que los trenes de la H ya no los maneja un conductor.

BP: -No, nadie sabe. Igualmente, ojo, en el momento que considera el conductor puede pasar a manual. Pero el problema central del metro de Buenos Aires no es si el tren es automático o manejado por una persona. El problema que tenemos es que es una Ciudad que tiene 60 kilómetros de metro, cuando tendría que tener, como mínimo, 300 kilómetros. Nueva York tiene trenes con cuatro vías y 400 kilómetros.

NS: -La H la armaron como en la prehistoria.

BP: -Hacen estaciones monumentales como la de Humberto 1. Tres pisos. Vas a Nueva York o Londres y no ves una cosa así. Sólo en Rusia hacen ese tipo de estaciones.

-Bueno, por ahí son soviéticos…

BP: -Claro, sí. Se hicieron comunistas. En Estados Unidos, te hacen una estación de tres vías o cuatro vías. Es un gastadero de guita poco práctico. En vez de invertir en hacer más túneles para que pasen rápido, siguen haciendo dos vías. No invierten en expansión.

Si hay un punto en el que no hay unidad entre Pianelli y Segovia es en el fútbol. “A él no le gusta, si es de River”, chicanea Pianelli que, lógicamente, es de Boca. Tuvo su época de fanático. “Con Boca fue a Tucumán, Uruguay. Era un enfermo. Dejé de ir a la cancha cuando Macri gana las elecciones y Bilardo va a Boca. No fue cualquier decisión. Para mí era un ritual, porque mi vieja era fanática y el ritual era ir a comer los domingos y, después todos a la cancha”, cuenta. Durante años, Pianelli tuvo el horario de 4.15 de la mañana a las 12 para poder ir los domingos a la cancha. Después, cambió de horario. Pero cuando estaban por salir campeón con Bianchi, quiso cambiar el horario. El jefe vino y le dijo: “El mandato de la empresa para vos es tu horario, tu puesto y el sueldo. No nos pidas nada porque no te vamos a dar nada”. “Yo te aclaro: mañana no vengo”, le contestó Pianelli. Lo suspendieron cuatro días. Segovia también tuvo su época de fanático. Sus diez hijos son de River. “Me di cuenta que era demasiado fanático cuando eché a un cuñado mío porque le trajo a uno de mis hijos una camiseta de Boca. Ahí de ser un fanático. Antes me volvía loco”, relata.

-¿Cómo ven la situación de los trabajadores a partir de la llegada de Macri a la presidencia?

BP: -La veo más jodida. Hay una situación muy complicada sobre los sectores industriales que se habían recuperado en estos últimos 10 años. Hay un retroceso muy grande. Ahora ya no es el cuento de la buena pipa para que vengan las inversiones para subir las tarifas, sino que lo que empiezan a plantear es flexibilización laboral, contrato a plazo fijo, superexplotar al máximo. Si hay laburo, laburás y si no, te vas.

NS: -Quieren domesticar a los trabajadores.

BP: -Ponerte en las condiciones más precarias con el verso de que así vienen las inversiones. No van a venir, porque esto ya pasó y no vinieron.

-¿Cómo ven la respuesta de las centrales sindicales? Las CGT, por ejemplo.

BP: -Ellos están esperando.

NS: -Tienen que ver que no se puede hacer el paro después de que destruyan todo. Está bien: es un gobierno nuevo. Ayer justo estuve hablando con un vecino que me decía: ‘Vamos a dejar que pasen cinco o seis meses’. Ahora, si el paro lo hacemos cuando nos sacaron el 50 por ciento de las reivindicaciones los trabajadores. Tienen demasiada paciencia.

-¿Qué le dirían a los trabajadores que están descontentos con su gremio?

BP: -Nosotros nunca recomendamos hacer un nuevo sindicato. Los compañeros a los que les gusta hacer nuevos sindicatos nos usan como ejemplo y nosotros nos cansamos de decir que no. No hagan lo que hicimos nosotros. Lo hicimos porque no teníamos otra alternativa. Y más en un país como la Argentina. Y más en una situación como la de ahora. Ahora tiene que prevalecer la unidad y las políticas que sean de enfrentar el ajuste. Lo que sí decimos es que hay que organizarse con los compañeros que tenés más cerca, luego con el cuerpo de delegados y luego hacia el sindicato. Nosotros para llegar a esto hicimos un laburo de base muy fuerte. Si no, no hubiera existido.

NS: -Estamos condenados al éxito.

BP: -El problema es que si esperas y esperas, después no vas a tener fuerza para reaccionar. Nos pasó en los noventa. Este chamuyo ya lo escuchamos: esperás y para cuando te diste cuenta ya te hicieron pelota. Creo que la mayor parte del sindicalismo tiene que entender que hay que reaccionar. Y eso solo lo van a entender si desde las bases les piden que actúen.

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