La conductora del subte porteño que ahora ve los andenes vacíos

Roxana Flores trabaja desde hace 26 años. Pasó de transportar 1 millón de pasajeros diarios a tan solo 20 mil. Aún así, sabe que su trabajo brinda un servicio esencial para los que deben desplazarse.

Por Silvia Gómez para Clarín

Después de 26 años de tareas en el subte porteño, hay pocas cosas que toman por sorpresa a Roxana Flores. Y cuando esto sucede, sabe como reaccionar. Aún cuando las cosas se salen de la norma, como ocurre por estos días en Argentina con la pandemia de coronavirus​ y el "aislamiento social, preventivo y obligatorio".

Roxana (52 años) es conductora en la Línea D y fue una de las protagonistas de un evento insólito que sucedió en octubre en la estación Pueyrredón: una mujer cayó a las vías, empujada por un hombre que se desmayó en el andén. Roxana llegaba a la estación y logró desacelerar la formación para evitar una tragedia. Como dice ella, aunque es inusual que alguien caiga a las vías, todo puede pasar.

Pero lo que nunca imaginó es ver las estaciones del subte prácticamente vacías: durante los días de semana, están viajando unas 20 mil personas, cuando lo habitual es que sean 1 millón. Durante el fin de semana largo del 24 de marzo, sólo 6.000 personas por día bajaron a las estaciones.

"Es desolador ver casi vacío un medio de transporte masivo como el subte. En general te das cuenta que la gente está alerta, muchos usan guantes y barbijos, todos atentos a no estar cerca del otro. La empresa también dispuso de alcohol en gel para todos, pasajeros y trabajadores, por todos lados. Y si bien yo fui siempre muy cuidadosa con la higiene en mi cabina, ahora se extremaron los cuidados y la limpieza", cuenta Roxana a Clarín.

Desde el viernes, cuando se abrieron los bancos para que cobren jubilados y AUH, se pusieron en funcionamiento algunas estaciones más en el trayecto que hace Roxana todos los días entre Catedral y Congreso de Tucumán. Vecina de Parque Chacabuco, tiene claro que su lugar de trabajo hoy es uno de los que mas riesgo conlleva. Le preocupan también sus ex suegros -ambos discapacitados y con más de 80 años, a quienes asiste- y su hija, que teme porque podría quedarse sin trabajo.

"Me acuerdo de 2009 y la gripe A. El miedo que teníamos todos. Todo se queda chico frente a lo que estamos viviendo hoy. Pero también sabemos que cumplimos un rol que no podemos delegar. Y los trabajadores y trabajadoras del subte estamos poniendo el hombro ", concluye Roxana.


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